La revolución industrial inició a
finales del siglo XVII en Gran Bretaña y se extendió por todo el mundo por casi
200 años. Dicho proceso significó para la humanidad el mayor conjunto de
transformaciones desde los tiempos del neolítico. La máquina de vapor de James
Watts, fue el detonante de este sinfín de cambios tecnológicos, sociales,
económicos y culturales.
El Estado Feudal cede el paso a
la novel Nación-Estado. Nace el modo de producción Capitalista. La economía
deja de ser fundamentalmente agrícola, y la industria floreciente multiplica la
riqueza global. El comercio toma una dimensión internacional. Todo esto sucede
mientras se acortan los tiempos de producción en todas las ramas de la
economía, y el Hombre internaliza la magnitud de su capacidad de transformarse.
Las necesidades cambian por otras
más generales, democráticas, humanas, sanitarias, altruistas, sociales, y por
todas aquellas que retribuyeran mayores beneficios al colectivo, trasladados
desde las elites. Lo anterior se explica en parte, debido a la caducidad de la
nobleza contra el pletórico nacimiento de la burguesía, o la nueva clase
dominante.
Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus
Mozart, más conocido como Wolfgang Amadeus Mozart, nace en pleno apogeo de la
Revolución Industrial en el año de 1756. Compositor de más de 600 obras
maestras en casi todos los géneros musicales de su época, destacó con mucha
presencia en el estilo de la música de cámara, que es aquella compuesta para un
pequeño grupo de músicos, generalmente cuartetos y quintetos.
Lo anterior es bastante lógico si
se entiende la necesidad que cubría la música en esa época. Era música para
acompañar en los eventos de la clase noble. Reuniones y fiestas acompañadas por
un puñado de músicos en salones cerrados, de ahí el sufijo “de cámara”.
Tales citas vestidas de excelente
música de acompañamiento, surtían un efecto de deleite entre los invitados, y por
supuesto, los anfitriones se vanagloriaban luciendo en sus tertulias a los
mejores compositores. Ciertamente, la música de acompañamiento era un lujo, y
solo tenían acceso a ella aquellos quienes se conformaban como mecenas de estos
compositores. Mozart tuvo varios mecenas importantísimos, entre ellos la Corte
de Salzburgo y el emperador José II de Austria, quien curiosamente lo inicio en
la masonería.
Apenas pocos años del nacimiento
de Mozart, en 1770 en la ciudad alemana de Bonn, nace Beethoven. Existe suficiente
evidencia de que Ludwig van Beethoven con apenas 17 años tuvo un fugaz
encuentro con Mozart en Viena, donde este último habría dicho: “Recuerden su
nombre, este joven hará hablar al mundo”. Y así lo hizo. Beethoven fue uno de
los primeros compositores en llevar la música al plano del entretenimiento de
masas.
Las transformaciones de la época,
así como el surgimiento de la burguesía como nuevo foco de poder, aunado a las
nuevas tecnologías, establecieron el espectáculo musical como un modelo de
negocio sustentable, destinado a esta multitud de ricos comerciantes e
industriales. Beethoven es el primer encargado de realizar grandes conciertos
destinados a estos nuevos espectáculos. Enormes orquestas de decenas de músicos para monumentales
teatros y mayores audiencias empezó a ser la fórmula de composición de este
gran maestro.
El pensamiento progresista de Beethoven
determinó su estilo de composición épico. Una muestra de ello fue la inspiración
de las iniciales victorias Napoleónicas en Europa para su Sinfonía Nro. 3, la
cual se llamó “Bonaparte” hasta la auto coronación de Napoleón como emperador,
lo cual enojó a Beethoven que termino renombrándola a “La Heroica”, tal y como
se conoce hoy en día.
Tanto Mozart como Beethoven,
participaron en una amplia gama de composiciones de todo tipo, pero vivieron en
bajo paradigmas relativamente diferentes. Por un lado Mozart, más purista,
lucho a lo largo de su corta vida, por hacerse de un mecenas, desarrollando
composiciones que amenizaran las reuniones que este llevara a cabo. Aunque compuso
muchas más obras que Beethoven, nunca logro esa independencia financiera que le
permitiera algo más que subsistir.
El sentido fresco de Beethoven, impregnado
del sentido revolucionario y progresista, producto de los aires que se
respiraban en Europa, entusiasmaba a la burguesía a disfrutar de sus
composiciones épicas en los grandes teatros donde se presentaba. En consecuencia,
se dieron las condiciones para algún beneficio económico que le permitió a
Beethoven vivir en mejores condiciones. No obstante, ambos músicos murieron
bajo una triste miseria, a pesar de que Beethoven tenía una vasta riqueza en
acciones financieras.
Esta breve exposición nos sirve
para colocar en contexto, el hecho de que unos contemporáneos y jóvenes ilustres
músicos, evidenciaron uno de los cambios de paradigmas de la humanidad menos
ilustrados en el ámbito de la Revolución Industrial, y sin embargo notables.

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