miércoles, 28 de mayo de 2014

La Revolución Industrial y el cambio del paradigma musical.

La revolución industrial inició a finales del siglo XVII en Gran Bretaña y se extendió por todo el mundo por casi 200 años. Dicho proceso significó para la humanidad el mayor conjunto de transformaciones desde los tiempos del neolítico. La máquina de vapor de James Watts, fue el detonante de este sinfín de cambios tecnológicos, sociales, económicos y culturales.

El Estado Feudal cede el paso a la novel Nación-Estado. Nace el modo de producción Capitalista. La economía deja de ser fundamentalmente agrícola, y la industria floreciente multiplica la riqueza global. El comercio toma una dimensión internacional. Todo esto sucede mientras se acortan los tiempos de producción en todas las ramas de la economía, y el Hombre internaliza la magnitud de su capacidad de transformarse.

Las necesidades cambian por otras más generales, democráticas, humanas, sanitarias, altruistas, sociales, y por todas aquellas que retribuyeran mayores beneficios al colectivo, trasladados desde las elites. Lo anterior se explica en parte, debido a la caducidad de la nobleza contra el pletórico nacimiento de la burguesía, o la nueva clase dominante.

Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart, más conocido como Wolfgang Amadeus Mozart, nace en pleno apogeo de la Revolución Industrial en el año de 1756. Compositor de más de 600 obras maestras en casi todos los géneros musicales de su época, destacó con mucha presencia en el estilo de la música de cámara, que es aquella compuesta para un pequeño grupo de músicos, generalmente cuartetos y quintetos.

Lo anterior es bastante lógico si se entiende la necesidad que cubría la música en esa época. Era música para acompañar en los eventos de la clase noble. Reuniones y fiestas acompañadas por un puñado de músicos en salones cerrados, de ahí el sufijo “de cámara”.

Tales citas vestidas de excelente música de acompañamiento, surtían un efecto de deleite entre los invitados, y por supuesto, los anfitriones se vanagloriaban luciendo en sus tertulias a los mejores compositores. Ciertamente, la música de acompañamiento era un lujo, y solo tenían acceso a ella aquellos quienes se conformaban como mecenas de estos compositores. Mozart tuvo varios mecenas importantísimos, entre ellos la Corte de Salzburgo y el emperador José II de Austria, quien curiosamente lo inicio en la masonería.

Apenas pocos años del nacimiento de Mozart, en 1770 en la ciudad alemana de Bonn, nace Beethoven. Existe suficiente evidencia de que Ludwig van Beethoven con apenas 17 años tuvo un fugaz encuentro con Mozart en Viena, donde este último habría dicho: “Recuerden su nombre, este joven hará hablar al mundo”. Y así lo hizo. Beethoven fue uno de los primeros compositores en llevar la música al plano del entretenimiento de masas.

Las transformaciones de la época, así como el surgimiento de la burguesía como nuevo foco de poder, aunado a las nuevas tecnologías, establecieron el espectáculo musical como un modelo de negocio sustentable, destinado a esta multitud de ricos comerciantes e industriales. Beethoven es el primer encargado de realizar grandes conciertos destinados a estos nuevos espectáculos. Enormes orquestas de decenas de músicos para monumentales teatros y mayores audiencias empezó a ser la fórmula de composición de este gran maestro.

El pensamiento progresista de Beethoven determinó su estilo de composición épico. Una muestra de ello fue la inspiración de las iniciales victorias Napoleónicas en Europa para su Sinfonía Nro. 3, la cual se llamó “Bonaparte” hasta la auto coronación de Napoleón como emperador, lo cual enojó a Beethoven que termino renombrándola a “La Heroica”, tal y como se conoce hoy en día.

Tanto Mozart como Beethoven, participaron en una amplia gama de composiciones de todo tipo, pero vivieron en bajo paradigmas relativamente diferentes. Por un lado Mozart, más purista, lucho a lo largo de su corta vida, por hacerse de un mecenas, desarrollando composiciones que amenizaran las reuniones que este llevara a cabo. Aunque compuso muchas más obras que Beethoven, nunca logro esa independencia financiera que le permitiera algo más que subsistir.

El sentido fresco de Beethoven, impregnado del sentido revolucionario y progresista, producto de los aires que se respiraban en Europa, entusiasmaba a la burguesía a disfrutar de sus composiciones épicas en los grandes teatros donde se presentaba. En consecuencia, se dieron las condiciones para algún beneficio económico que le permitió a Beethoven vivir en mejores condiciones. No obstante, ambos músicos murieron bajo una triste miseria, a pesar de que Beethoven tenía una vasta riqueza en acciones financieras.


Esta breve exposición nos sirve para colocar en contexto, el hecho de que unos contemporáneos y jóvenes ilustres músicos, evidenciaron uno de los cambios de paradigmas de la humanidad menos ilustrados en el ámbito de la Revolución Industrial, y sin embargo notables.

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